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Brasília, v. 20, n. 4, p. 491-520, 2025

https://doi.org/10.33240/rba.v20i4.57563

Como citar: Muniz, Maria Luiza; Corral, Luis. Aja shuar y caminos agroecológicos: entre ‘quiebres’ y horizontes posibles desde la Amazonía ecuatoriana. Revista Brasileira de Agroecologia, v. 20, n. 4, p. 491-520, 2025.

Aja shuar y caminos agroecológicos: entre ‘quiebres’ y horizontes posibles desde la Amazonía ecuatoriana

Aja Shuar and agroecological pathways: between 'rifts' and possible horizons from the ecuadorian Amazon

Aja Shuar e os caminhos agroecológicos: entre 'fendas’ e horizontes possíveis da Amazônia equatoriana

 

Maria Luiza Muniz¹, Luis Corral2

1 Docente en la Universidad Técnica Particular de Loja - UTPL, Equador. Doctorado en Sociología, por la  Universidade de Brasília, UnB, Brasil.  E-mail:  muniz.malu@gmail.com

2Economista ecológico. Máster en Sociología y estudiante del Doctorado en Desarrollo Territorial - Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales -FLACSO, Ecuador. E-mail: ljcorralfl@flacso.edu.ec

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Recibido: 23 mar 2025 - Aceito: 22 jul 2025 – Publicado: 01 nov 2025.

Resumen

En el presente artículo, por medios de la acción-participación comunitaria, buscamos observar procesos comunitarios y político-organizativos, que se enfrentan a una política pública marcada por la alianza entre Estado-empresa. Esta ha impactado negativamente diversas áreas, donde son instalados proyectos mineros de diferentes dimensiones, haciendo inviables otras formas de vida y existencia disfuncionales al capitalismo global transnacional, sobre todo en su lógica de “acumulación por desposesión”. Enfocamos en un análisis cualitativo de prácticas que alumbran una posible salida económica, de resistencia y re-existencia, en contextos de despojo minero al sur de la Amazonía ecuatoriana. El aja shuar abre algunos senderos que serán analizados como “horizontes de posibilidades” abiertos desde la Cordillera del Cóndor. Tomamos el concepto de quiebre o fractura metabólica, desarrollado por J. Bellamy Foster, para reflexionar sobre el supuesto quiebre metabólico del capitalismo contemporáneo desde un locus específico y puntual, pero bastante emblemático, por las amenazas impuestas a su agrobiodiversidad y hacia los modos de vida de una nacionalidad indígena que busca superar divisiones internas y mitigar, desde sus potencialidades agroecológicas, daños socioambientales, promoviendo una relación más armoniosa y regenerativa entre la producción humana y los ecosistemas.

Palabras-clave: quiebre metabólico, acumulación por desposesión, Amazonia, Shuar.

 

Abstract

In this article, through community action-participation, we seek to observe community and political-organizational processes, which face a public policy marked by the alliance between State and company. This has negatively impacted several areas, where mining projects of different sizes have been installed, making other forms of life unviable and dysfunctional in transnational global capitalism, especially in its logic of “accumulation by dispossession”. We focus on a qualitative analysis of practices that illuminate a possible economic solution, of resistance and re-existence, in contexts of mining dispossession in the south of the Ecuadorian Amazon. El aja shuar opens some paths that will be analyzed as “horizons of possibilities” opened from the Cordillera del Cóndor. We take the concept of metabolic fracture or rift, developed by J. Bellamy Foster, to reflect on the rift metabolic assumption of contemporary capitalism from a specific and punctual locus, but quite emblematic, for the threats imposed on its agrobiodiversity and on modes of life of an indigenous nationality that seeks to overcome internal divisions and mitigate, from its potentialities agroecological, socio-environmental damage, promoting a more harmonious and regenerative relationship between human production and ecosystems.

Keywords: metabolic fracture, accumulation by dispossession, Amazonia, Shuar.

 

Resumo

Neste artigo, por meio da ação-participação comunitária, buscamos observar processos comunitários e político-organizacionais que confrontam uma política pública marcada pela aliança entre Estado e empresas. Isso tem impactado negativamente diversas áreas onde se instalam projetos de mineração de magnitude variada, tornando inviáveis outras formas de vida e existência, disfuncionais ao capitalismo transnacional global, particularmente em sua lógica de "acumulação por desapropriação". Concentramo-nos em uma análise qualitativa de práticas que lançam luz sobre uma possível solução econômica, de resistência e reexistência, em contextos de desapropriação da mineração no sul da Amazônia equatoriana. O povo Aja Shuar abre alguns caminhos que serão analisados como "horizontes de possibilidades" abertos pela Cordilheira do Cóndor. Utilizamos o conceito de fratura metabólica, desenvolvido por J. Bellamy Foster, para refletir sobre a suposta fratura metabólica do capitalismo contemporâneo a partir de um locus específico e específico, porém altamente emblemático, impulsionado pelas ameaças impostas à sua agrobiodiversidade e aos modos de vida de uma nacionalidade indígena que busca superar divisões internas e, por meio de seu potencial agroecológico, mitigar danos socioambientais, promovendo uma relação mais harmoniosa e regenerativa entre a produção humana e os ecossistemas.

Palavras-chave: fratura metabólica, acumulação por desapropriação, Amazônia, Shuar.

INTRODUCCIÓN

En un contexto de despojo minero, con territorios asediados por políticas públicas favorables a los intereses transnacionales, emergen coaliciones de lucha que han disputado lo ‘público’ en defensa de los bienes comunes. Muchas veces en defensa de los frenos garantistas de un país constitucionalmente plurinacional e intercultural. Otras veces, creando alternativas económicas sobre la base de nuevas relaciones con la materialidad existente, tejiendo alternativas en un intersticio entre el Estado y las dinámicas del mercado.

En el presente artículo, por medio de la acción-participación comunitaria, buscamos observar procesos comunitarios y político-organizativos, que se enfrentan a una política pública marcada por la alianza entre Estado-empresa (Muniz, 2019). Esta ha impactado negativamente diversas áreas, donde son instalados proyectos mineros de diferentes dimensiones, haciendo inviables otras formas de vida y existencia disfuncionales al capitalismo global transnacional, sobre todo en su lógica de “acumulación por desposesión” (Harvey, 2003).

Utilizando la idea de las nuevas materialidades y de la agencia social, miramos cómo el problema del desarrollo territorial, en el marco del enfrentamiento al despojo minero, adquiere una dimensión innovadora al vincular lo moderno con lo tradicional, para generar nuevos interfaces de conocimiento, que configuran respuestas sociales diferenciadas. Para captar este movimiento, algunos enfoques teóricos nos permiten iluminar campos de la realidad para descubrir, detrás de las formas de materialidad y de la agencia, la “socio-materialidad” (Charão-Marques y Arce, 2023), como formas de resolución de la vida que adquieran posibilidades de existir.

Lanzamos este énfasis sobre el concepto de nuevas materialidades para la exploración de las capacidades de la agencia socio-material (Bennett, 2010; Coole y Frost, 2010; Latour, 2012), considerando que el proceso de agencia, ontológicamente diferenciado, crea y recrea la noción de territorio, visibilizando una biopolítica territorial (Charão-Marques y Arce, 2023; Bennett, 2010). La socio-materialidad implica conocimientos, alianzas políticas, rituales y diferentes formas de autoridad (Charão-Marques y Arce, 2023), incluyendo la interrelación entre humanos y no humanos, en la emergencia de la cooperación y la creatividad de las comunidades locales, las cuales desafían nociones tradicionales de desarrollo.

En este sentido, nos adentramos a posibilidades que se construyen en contextos de globalización, a través de la confluencia de actores, con flujos de diversas características, como el “nodo de una compleja construcción transnacional de paisajes imaginarios", en las palabras de Appadurai (2002, 49), alumbrando una posible salida económica, de vida y de re-existencia, en contextos de despojo minero. El aja shuar (chakra o huerto shuar) y sus desdoblamientos abren algunos senderos, que serán analizados como “horizontes de posibilidades” (Koselleck, 2006) en la Cordillera del Cóndor.

La Cordillera del Cóndor es una cadena montañosa ubicada en la frontera entre Ecuador y Perú, en las provincias ecuatorianas de Zamora Chinchipe y Morona Santiago, y los departamentos peruanos de Amazonas y Cajamarca. Se formó en la era Cenozoica, hace aproximadamente 65 millones de años, debido a la subducción de la placa de Nazca bajo la placa Sudamericana. Oscila entre 1.800 y 3.000 metros sobre el nivel del mar.  Sus ecosistemas abarcan desde un tipo especial de páramos, los llamados tepuyes, y bosques húmedos nublados. Alberga especies y ecosistemas únicos de flora y fauna. Ha sido escenario de disputas territoriales entre Ecuador y Perú, siendo clave en el Conflicto del Cenepa (1995) y en la firma del Acuerdo de Paz de 1998. Su gran riqueza ecológica y estratégica la convierte en una de las zonas más importantes de conservación y geopolítica en la región andino-amazónica. Por su parte, la cordillera del Cutucú-Shaime se considera una extensión hacia el norte de la Cordillera del Cóndor, con características similares.  Estas dos cordilleras han sido habitadas y protegidas durante siglos, por comunidades indígenas Shuar, siendo de las más inexploradas y biodiversas del Ecuador, con un alto valor ecológico y cultural.

Desde finales de la década de los 90 el área ha sido concesionada para la minería metálica transnacional, bajo un modelo impulsado por el Banco Mundial en el marco del impulso de la política del Consenso de Washington. Luego de años de resistencia activa de la población shuar, que ha impedido la generalización de megaproyectos mineros industriales, en el año 2019 se inició la explotación de dos grandes yacimientos mineros en la parte media de la Cordillera del Cóndor, y desde este momento este proceso viene expandiéndose aceleradamente con la minería aluvial. Las superficies concesionadas a empresas de mega minería transnacional son espacios desde donde nacen los principales sistemas fluviales que alimentan los valles, donde se prolonga la vida de los shuar del Perú y del Ecuador. Los sistemas fluviales Nangaritza-Zamora-Santiago y del Cenepa-Marañón nacen desde las cumbres de la Cordillera del Cóndor del lado ecuatoriano, atraviesan el territorio shuar tanto del Ecuador como del lado peruano, donde están ubicados los Wampis y Awajun.

Por otro lado, el sistema fluvial Makuma-Kenkaime-Morona, relacionado con la Cordillera del Cutucú- Shaime, y el sistema fluvial vinculado con el río Upano-Santiago, que atraviesan los valles de gran parte del territorio de las nacionalidades indígenas shuar y achuar, estarían afectados de manera directa e indirecta, bajo el escenario de los proyectos de mega minería que avanzaron en la última década.

Ubicándonos en este territorio, basamos nuestro acercamiento metodológico en un ejercicio de acción-investigación participativa (Fals Borda, 1985) a través del acompañamiento a los procesos de la Asociación Shuar Mura Nunka, en el alto Nangaritza, frente a la avanzada de la minería aluvial. El acompañamiento se realizó entre los años 2022-2023, por medio de observación participante y entrevistas realizadas, además de un proceso de reflexión en el marco de algunas de sus asambleas comunitarias.

Pasamos a establecer algunas bases teórico-metodológicas bajo las cuales, frente a la amenaza de un “quiebre metabólico” (Foster, 2000), hemos pensado el aja shuar – sus características y potencialidades , como una de las alternativas agroecológicas, que (re)surgen o luchan por re-existir (Albán, 2017). De esta manera, postulamos la tesis de que otras formas de metabolismo socioecológico, vinculadas a prácticas agrícolas sustentables, descentralizadas y adaptadas a contextos locales, podrían ser capaces no solo de construir opciones reales para las comunidades locales asediadas por las ofertas de empleo del capital minero, sino de mitigar daños socioambientales al promover una relación más armoniosa y regenerativa entre la producción humana y los ecosistemas.

MARCO TEÓRICO-METODOLÓGICO

Empezamos este artículo delineando nuestro marco teórico-metodológico desde el concepto de quiebre o fractura metabólica, desarrollado por John Bellamy Foster (2000), a partir de una vertiente de la teoría marxista y del propio Marx, quién parte del concepto de metabolismo social y describe el  modo por el cual el capitalismo, “desvirtúa el metabolismo entre el hombre y la tierra”, es decir, “el retorno al suelo de aquellos elementos que lo constituyen (…), un retorno que es la eterna condición natural de la fertilidad permanente del suelo” (Marx, [1867] 2013, p. 702). Foster a su vez, hace referencia a la ruptura en las relaciones ecológicas fundamentales entre la sociedad humana y la naturaleza provocada por la lógica expansiva del capitalismo, especialmente evidente en la agricultura industrializada y en la explotación intensiva de recursos naturales. Más que una separación destructiva entre las áreas urbanas y rurales, así como la degradación del suelo, el agua y la biodiversidad, este “quiebre” impacta la dinámica de interrelaciones con/desde los territorios, y en el ámbito de las comunidades afro-indígenas y campesinas.

Debido a la dinámica del capitalismo contemporáneo, se estaría generando una ruptura definitiva entre sociedad y naturaleza, y una afectación en la configuración geológica de la tierra, por la cual los largos tiempos geológicos han ingresado en la historia humana (Foster; Clark; York, 2010). Por lo tanto, provocando el inicio de una nueva era geológica: el capitaloceno (Moore, 2016, p. 2017).

El argumento central del libro de Foster, Clark e York (2010) es que la brecha ecológica es aquella entre la humanidad y la naturaleza.  Ellos plantean que la brecha que hoy amenaza con desgarrar y destruir es el producto de divisiones artificiales dentro de la humanidad, generadas por un proceso alienación de las condiciones materiales y naturales de nuestra existencia. Foster (2000) defiende que la fuente de esta crisis sin precedentes es la sociedad capitalista en la que vivimos, de modo que el quiebre metabólico del capitalismo contemporáneo estaría provocando un cambio de era geológica.

En este punto, Foster coincide con James Moore (2017), quien sugiere que ya no se puede ver los cambios geológicos como aquellos que ocurren en tiempos geológicos. La actividad humana, y especialmente la actividad económica humana, determinada por el capitalismo, ha actuado como catalizador de un proceso sin precedentes de aceleración dramática de los cambios: en la atmósfera, en el clima, en los océanos, y en los ecosistemas terrestres. Esto habría generado el fin del Holoceno1, con un proceso de calentamiento global antropogénicamente determinado, llevando a que la historia natural – que se ha desplegado de manera gradual e imperceptible para la experiencia humana – entre en la dimensión temporal de la historia humana misma.
Desde la perspectiva de Moore (2015), la noción de Antropoceno2, que vendría a suceder el Holoceno, es limitada para comprender las dinámicas socioecológicas del capitalismo histórico, siendo necesario considerar el concepto de Capitaloceno”, para destacar cómo la explotación sistemática de la naturaleza y el trabajo humano, bajo el capitalismo en su dinámica más avanzada y predatoria, ha redefinido profundamente las relaciones ecológicas globales. Como resalta el autor, el problema no es simplemente la especie humana en abstracto (como sugiere la noción de Antropoceno), sino un sistema económico específico que organiza la relación entre naturaleza y sociedad.

La característica central del capitalismo, como diría Echeverría (2010), está asociada con el impulso por acumular capital, y este proceso no reconoce fronteras físicas. Todos los obstáculos se tratan como meras barreras que deben superarse en una secuencia infinita. Está ahí el origen de un “quiebre metabólico”, el cual estaría provocando una crisis ambiental sin precedentes.  

Con base en estas reflexiones teóricas, afirmamos que la lógica del capital, asociada con el impulso de la megaminería, y de sus proyectos de transformación territorial, van a generar modificaciones geológicas sustanciales en el Ecuador continental, particularmente en la región sur de la Amazonía, con dimensiones abismales, que cambiarán el paisaje radicalmente, y modificarán la vocación ecológica y productiva de cordilleras enteras, provocando consecuencias drásticas para el metabolismo socioambiental de las economías locales.

Con este énfasis, consideramos transformaciones irreversibles de “larga duración” (longue durée) –  usando el concepto temporal de Braudel (1958) –, que se van dando a partir de la dinámica megaminera. Además, analizamos cómo esto genera una fractura metabólica en regiones enteras, rompiendo los ciclos ecológicos y las dinámicas socioeconómicas locales (Sacher, 2022; Muniz, 2019; Corral, 2016).

Siguiendo a Machado Aároz y Rossi (2018), planteamos que la territorialidad megaminera genera este quiebre metábólico que arrastra y liquida las múltiples territorialidades, campesinas, indígenas, de pequeños agricultores, con sus prácticas saberes e historias. Rescatamos también la categoría de continuo corrimiento de la frontera mercantil de Jason Moore (2015), que ocurre como condición sine qua non al despliegue de las inversiones capitalistas, arrasando ecosistemas desde sus inicios hasta la actualidad. “Las fronteras mercantiles más significativas se basaron en la explotación del medio ambiente con los ejemplos coloniales extractivos del azúcar, la minería de plata y oro, tabaco, entre otros” (Moore, 2003, p. 24 en  Machado Aároz y Rossi, 2018, p. 276). Moore se refiere al proceso constante mediante el cual el capitalismo expande sus límites hacia nuevas áreas geográficas, ecológicas y sociales, para extraer trabajo, recursos naturales y conocimientos no capitalizados previamente; algo evidente en el territorio shuar e colono concesionado a las empresas transnacionales.

Vale relacionar este abordaje con el concepto de Harvey (2003), “acumulación por desposesión”, en la caracterización de un movimiento expansivo, esencial para la acumulación de capital y que responde a la necesidad estructural del capitalismo, de encontrar espacios menos costosos o incluso gratuitos que puedan ser mercantilizados. Como sostiene Moore, este proceso no es solo económico, sino también ecológico, ya que implica la reconfiguración de paisajes naturales y relaciones sociales para adecuarlos a la lógica de valorización capitalista.

Para Machado Aároz y Rossi (2018), es importante caracterizar la dinámica usurpadora de la economía minera, vinculando por un lado a la figura de enclave – que puede caracterizar la megaminería, y por otro lado la fractura sociometabólica que economías como aquella generan. Convergiendo con aquellos autores, evocamos puntualmente a la definición de “enclave”, como siendo la desarticulación del comando económico de una sociedad. Recuperando las palabras de Marini (1973), el enclave es caracterizado por el “aislamento relativo respecto a la economía local, ya que no genera un proceso de acumulación interna ni impulsa un desarrollo económico autónomo, sino que responde a las necesidades del mercado externo y al control que sobre él ejercen los centros capitalistas.” (Marini, 1973, p. 28).

Sumamos a eso la fractura metabólica, como acontecimiento económico que genera un proceso de deterioro sistémico y un desplazamiento estructural de “las prácticas y capacidades productivas endógenas de los territorios y las poblaciones locales” (Machado Aároz y Rossi, 2018, p. 281), implicando la enajenación de la voluntad política propia, tanto de los actores locales como de las autoridades locales, incluso de la autoridad estatal sobre el territorio. Esa cuestión se vincula con la enajenación del Estado (Corral, 2024), lo que significa que promover la megaminería en un territorio es equivalente a lo que, en las palabras de los teóricos del desarrollo territorial (Berdegué; Christian; Favareto, 2020; Berdegué y Favareto, 2019), sería la generación de una política reductora y limitada sobre el territorio, con profundas implicaciones espacio temporales de corto, mediano y largo plazo.

Caminos teórico-metodológicos y complejidades de lo ‘social

Tomamos la propuesta de Latour, quien trabaja con la sociología de las asociaciones, basada en la idea de que todo está conectado en una red de interacciones, de tal modo que “lo social” no es una estructura, sino la manera en que algo se estructura (Latour, 2012), y, como resultado, podemos percibir las asociaciones de humanos y no humanos estando definidas a partir de una perspectiva simétrica y no dicotómica.

Arce (2008), a su vez, observa que lo social no puede ser concebido como un residuo del Estado o del mercado, sino como un medio para pensar lo público.  Lo social es más bien el campo medio en el cual los actores, a través de sus acciones individuales y colectivas, son capaces de influenciar y cambiar lo político y lo económico, algo que el autor denomina provisionalmente como la interacción cívico-social de lo rural. Así, la forma de control sobre el Estado y el mercado pasa por una lucha sobre los derechos ciudadanos y por el respeto de las formas de vida local (Arce, 2008, p. 15).

Sobre la base de esta idea es central abrir el campo de discusión a dos cuestiones: primero, sobre lo que ha significado la lucha social para modificar el campo de asedio de la política neoliberal minera, y el segundo, apoyándonos en una discusión sobre nuevas materialidades (Bennett, 2010), resaltando el papel que puede jugar el aja shuar, como núcleo constitutivo de una síntesis de saberes shuar construido milenariamente, para sostener y pensar alternativas.

En marzo del 2012 se firmó el primer contrato de explotación de megaminería en el país, específicamente en la Cordillera del Cóndor, territorio shuar y colono en Zamora Chinchipe, provincia sur oriental del Ecuador. Este hito fundamental abriría lo que, durante el gobierno del expresidente Rafael Correa, se promocionó como el inicio de una nueva era económica.  Aquello permitiría, según el plan de la Revolución Ciudadana (Plan Nacional del Buen Vivir 2009-2013), seguir por una senda de desarrollo económico, territorial, nacional y local. Supuestamente, sería sostenida una transición desde el “extractivismo rentista” (Ecuador, 2013, p. 116), hidrocarburífero y minero, hacia otro tipo de economía, llegando a ser “un país terciario exportador de bioconocimiento y servicios turísticos”, concretando así “mecanismos de distribución y (re)distribución más justos y democráticos” (Ecuador, 2013, p. 87).  

Luego de dos días de la firma de este contrato, se concretó una marcha anunciada con algunos meses de anticipación, para denunciar este modelo minero que sería impulsado en el país. Desde Tundayme – la parroquia al sur de la Amazonia ecuatoriana, donde se desplegaría este primer contrato – hasta Quito, se llevó a cabo una caminata de más de dos semanas, con la adhesión de importantes sectores a lo largo y ancho del Ecuador.

En aquella ocasión la marcha que llegó a Quito – y que puede comprenderse como una interpelación cívico-social a la política diseñada por el Estado y el mercado – no logró detener el proyecto. Sin embargo, la agencia social (Arce, 2008) había cumplido un papel fundamental para abrir, en el campo de lo posible en aquella coyuntura, una oposición al proyecto de convertir al Ecuador en destino minero. Este horizonte sobre otro futuro posible sigue vigente en la lucha social del Ecuador, que ha dificultado el avance en la conversión de extensas zonas territoriales en distritos mineros.  

La lucha social y las persistentes movilizaciones desde la sociedad contra las políticas mineras neoliberales del Banco Mundial han sido un factor central para dar cuenta de respuestas que se sitúan en un punto intermedio entre la acción de los estados y de los mercados. La agencia social se hizo visible con las luchas para reformular códigos y leyes impuestos por el binomio Estado-mercado, además, ha logrado respuestas relevantes de incidencia institucional.

Los arreglos institucionales que dieron forma al proyecto minero tal y como lo conocemos en el Ecuador fueron, por lo tanto, producto de la lucha social. Sin embargo esta no ha logrado la supresión de la megaminería ni tampoco su prohibición en fuentes de agua, hubo ciertos cambios institucionales mínimos. Ejemplos de ello es el mandato constituyente No.6, conocido como Mandato Minero, que se establece como respuesta de la Asamblea Constituyente frente a un proceso de movilizaciones en curso durante el 2008.  Tuvo una gran relevancia, ya que extinguía derechos mineros, sin posibilidades de indemnización a los titulares de los mismos, por una serie de causales. Entre ellas por haber sido entregadas sin respetar los derechos colectivos como la consulta previa libre e informada para pueblos y nacionalidades. Pero también, por otra serie de causales fundamentales, que luego fueron inobservadas por el ejecutivo, como la afectación de fuentes hídricas. Este Mandato pudo, en este momento, revertir las concesiones en la Cordillera del Cóndor, sin embargo, el ejecutivo prefirió reunirse con las empresas mineras y asegurarles que sus concesiones no serían alteradas. Luego del proceso constituyente, la primera ley que se aprueba ha sido la Ley Minera (2009), que no tuvo una línea de continuidad con lo expresado en el mencionado Mandato.

En este marco, este, a pesar de haber sido forjado gracias a la lucha social, y haberse constituido en un referente jurídico para enfrentar la política minera neoliberal no solo en Ecuador, sino en el continente, terminó siendo una especie de formula distractora para apaciguar las movilizaciones sociales en curso. La nueva Ley del 2009, si bien introdujo una serie de reformas a la ley neoliberal clásica, como la “regalía” minera, el núcleo de la misma conservó su deriva neoliberal, ya que el régimen de concesiones se mantuvo, es decir los derechos sobre el subsuelo podían ser entregados vía actos administrativos y, a su vez, estos derechos podían ser transados en mercados de valores y transferidos a terceros, como una mercancía cualquiera. A pesar de todo, la lucha social fue crucial para generar esas reformas al marco normativo, impulsado por el Banco Mundial y el Consenso de Washington.

Además, hubo una serie de victorias legales posteriores, como la más reciente Sentencia de la Corte Constitucional del Ecuador (No. 1325-15-EP/22), de septiembre de 2022, en favor del Pueblo Shuar Arutam, por la ausencia de un proceso de consulta libre previa e informada en el territorio shuar de Morona Santiago.

Es interesante considerar estos ejemplos como resultados de intervenciones creativas y activas desde lo social; no analizado de modo estático, sino dinámico. En este sentido, y buscando considerar las alianzas, coaliciones y fórmulas para pensar lo alternativo desde la comunidad shuar, nos enfocamos en los intersticios de una comunidad shuar asediada por el capital minero.

Para ello, seguiremos algunas advertencias y perspectivas de autores que están trabajando sobre las nuevas materialidades. Jane Bennett (2010), dentro del marco de una tradición más amplia, relacionada con Coole y Frost (2010), sobre las nuevas materialidades, realiza una advertencia metodológica, así como una alerta a la capacidad perceptiva. Son lecturas que, desde lo metodológico, nos hacen “un llamado de atención a lo que nos dicen las cosas”, su trayectoria, así como a la forma contingente como aparecen. En este marco, es clave un estilo perceptivo abierto a la aparición del poder de la cosa (Benett, 2010, p. 5)

Sobre la base de esta advertencia, a través de este artículo se va a poner atención sobre el aja shuar, sus productos y las formas a través de las cuales la relación material que las familias shuar establecen con sus huertas permite abrir el horizonte perceptivo y mirar, parafraseando a Bennett (2010), el poder del aja shuar en sus potencialidades para desplegar alternativas posibles para la organización del territorio shuar, en contexto de ocupación minera.

Siguiendo las recomendaciones de Arce y Long (2000), en Reconfiguring modernity and development from an anthropological perspective, ponemos énfasis en otro nivel de respuestas sociales. Tomamos como base la observación de los autores, no sobre la “llegada” de la modernidad como siendo la desintegración de “viejos” mundos marcados por el “establecimiento de un nuevo y “puro” código de comunicación y racionalidad no problemático”, sino considerando la realidad formada “por conjuntos “vivos” de experiencias imaginadas y sentidas, que yuxtaponen e interrelacionan diferentes materialidades y tipos de agencia, abarcando nociones asociadas, con aspectos tanto de modernidad como de tradición” (Arce y Long, 2000, p. 29).

Alrededor del aja shuar, tomando estas perspectivas teórico-metodológicas de lo social y tras observar brevemente el contexto del despojo minero, pasaremos a pensar las potencialidades agroecológicas disfuncionales a los ritmos y procesos de la modernidad capitalista.

 

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

Un breve contexto al sur del Ecuador: ¿rumbo al ‘quiebre’?

El territorio shuar de Morona Santiago y Zamora Chinchipe se encuentra cercado por un conjunto amplio de derechos mineros concesionados para exploración y explotación del subsuelo ecuatoriano, entregado a varias corporaciones transnacionales de diferentes orígenes, desde mediados de los 90’s. En el año 2012, se firmó el primer contrato de explotación de minerales metálicos a cielo abierto – Proyecto “Mirador” – en el cantón El Pangui, Zamora Chinchipe. En el año 2014, se firmó el segundo proyecto industrial en la Cordillera del Cóndor – “Fruta del Norte” –, en el cantón Yantzaza, de la misma provincia. En el año 2019 inició la explotación minera a gran escala de los dos proyectos industriales. Gracias al modelo minero en curso y al régimen de concesiones vigentes, las dinámicas territoriales de las comunidades shuar y mestizas de la región han sufrido profundas transformaciones.

A ello habría que sumar un fenómeno reciente, que es la expansión de la minería aluvial, muchas veces irregular3, algo vinculado con el inicio de la minería industrial en la provincia. Todo esto ha modificado la realidad socioeconómica y ambiental de las dos provincias, especialmente en Zamora Chinchipe, donde las dinámicas vinculadas con la minería han alterado sustancialmente el entorno ecológico y la economía local.
Retrocediendo a los años 90, a partir de la influencia que tuvo el Consenso de Washington sobre las economías nacionales de Latinoamérica, se fue diseñando un proceso de tutelaje de la banca multilateral para activar la minería industrial en el país, en cuyas aristas estuvo un régimen de concesiones otorgadas por los gobiernos de turno sobre determinadas zonas. Este régimen de concesiones restringió una gama amplia de derechos constitucionales y fue la base de una ola de conflictividad que dura hasta la actualidad, marcada por sustanciales inconsistencias de los proyectos de minería respaldados legal y militarmente por el gobierno de presidente Daniel Noboa (2024-) 4.

Entre los derechos conculcados, se puede mencionar los derechos colectivos, respaldados por la Carta Magna ecuatoriana del 2008, vinculados con el derecho a la consulta libre previa e informada, así como los derechos más amplios de participación, derechos ambientales, sociales y económicos. Además, han sido acortadas una serie de garantías en el sentido de una planificación concurrente de los diferentes gobiernos, tanto en ámbito central como en dimensiones seccionales, con relación al ordenamiento territorial y al uso del suelo.

Es así como ahora gran parte del Ecuador, y zonas biodiversas muy frágiles, se encuentran bajo una ocupación de titulares mineros, cuya presencia ha generado una serie de modificaciones estructurales en las dinámicas territoriales del país, y particularmente al sur del país, en las regiones shuar de las dos provincias mencionadas: Morona Santiago y Zamora Chinchipe.

Una de las regiones donde se apuntaron los esfuerzos para realizar la megaminería fue la Cordillera del Cóndor. Desde mediados de los años 90, hasta el inicio de la actividad minera en el año 2011, se da una serie de procesos, a partir de los cuales se apertura el Catastro minero5 y se empiezan a distribuir derechos mineros, para la exploración y explotación del subsuelo de libre transacción.
Alrededor del año 2017, tras procesos de lucha social y una historia de conflictividad, el proceso de distribución ha sido interrumpido, con  una estimativa de 1.800.000 hectáreas mineras a nivel nacional (cerca de 8% del territorio nacional)6, dedicadas a minería metálica; al menos una mitad de ellas en territorio indígena.
En ese marco, el futuro de regiones enteras estaría condicionada por la manera como se capitalicen las empresas mineras, la capacidad de ellas para ingresar en territorios campesinos e indígenas, haciendo exploración y consolidando proyectos de pre factibilidad. Durante el último año del gobierno de la Revolución Ciudadana –  así identificado el proceso político liderado por Rafael Correa entre 2007 y 2017 –, se concesionó otra cordillera central para la integridad del paisaje, así como para las funciones ecológicas de la provincia de Morona Santiago. Se trata de la Cordillera del Cutucu, que fue cedida prácticamente en su totalidad para una empresa de reciente creación: Aurania, cuyo gerente o apoderado es el Sr. Keith Barron7, anterior ejecutivo de la empresa Aurelian, quien acaparó concesiones en la parte media de la Cordillera del Cóndor, donde luego se impulsó el proyecto minero Fruta del Norte.

Los derechos mineros – del caso de estudio - se ubican en las dos provincias sur orientales del país, sobre las cordilleras orientales de los Andes, así como sobre las cordilleras sur amazónicas, específicamente en la Cordillera del Cóndor y la Cordillera del Cutucú (ver mapa Figura 1) .

 

Figura 1: Territorio shuar de Morona Santiago y Zamora Chinchipe – Zonas afectadas por concesiones mineras.

Fuente: Elaboración propia.

 

Quienes impulsan la actividad minera, principalmente el Estado y las corporaciones mineras, argumentan que esta actividad – la minería industrial – permitirá al país superar la pobreza e iniciar un proceso de desarrollo nacional y en nivel local, favoreciendo que la economía nacional crezca y se desarrolle, para enseguida, de esta manera, superar la exclusión y la marginalización de grandes segmentos poblacionales, especialmente de las poblaciones locales.

En estos discursos, algunos términos han sido recurrentes: desarrollo o progreso, innovación y superación de la economía de enclave; sustentabilidad y tecnología de punta; responsabilidad social. Estos son algunos de los términos sobre los cuales se sostiene el argumento de que este proceso permitiría acumular beneficios históricos, tanto para las regiones desde donde se extraen los recursos como para el país en su conjunto. En el marco de la literatura del desarrollo territorial, hay una importante lista de autores que sostiene sus argumentos favorables a la minería, en gran medida en aquella línea narrativa vinculada con el desarrollo. En este caso la tesis del “quiebre”, que sustentamos anteriormente, estaría limitada por un pensamiento conservacionista, supuestamente desasociada de los desafíos contemporáneos.

El nuevo campo de estudio del desarrollo territorial puede ser concebido como una subdisciplina dentro de los abordajes sobre el desarrollo, en la que el enfoque territorial y la dimensión subnacional son dos elementos característicos. Este campo tiene la particularidad de buscar, en la dimensión territorial, dinámicas singulares de crecimiento económico, reducción de pobreza e inequidades (Berdegué; Bebbington; Escobal, 2015); a lo que, en el transcurso de su recorrido, se amplían preocupaciones relativas a la sostenibilidad ambiental (Berdegué; Christian; Favareto, 2020). Evocamos aquí el término “proyecto de transformación territorial”, de este campo de estudio (Berdegué y Favareto, 2019; Modrego y Berdegué, 2015),  para nombrar aquellos proyectos mineros que, por su escala, tecnología y por el monto de inversiones utilizadas generan transformaciones de gran escala en el territorio, a tal punto de modificar su núcleo constitutivo, o como denominan los teóricos del desarrollo territorial, la identidad territorial de un espacio, construido socialmente (Berdegué y Favareto, 2019).

Además, una de las características de esta literatura del desarrollo territorial ha sido ubicar al territorio como unidad síntesis, desde la cual es fundamental pensar el tema del desarrollo. En principio se sustenta que la minería sería el motor de desarrollo, generando una dinámica que prioriza la generación de ingresos. En el marco de esta literatura, es defendida una intervención en el territorio, sin una valoración integral y sistémica, desde la complejidad, sin tomar en cuenta la realidad territorial y sus múltiples factores constitutivos.

La intervención de la minería industrial sobre el territorio, tanto regular como irregular, es percibida desde una perspectiva restrictiva y condicionada. Eso limita la capacidad de mirar el territorio en su conjunto, ignora su complejidad; se lo concibe solo como  depósito de minerales. Esta intervención que se justifica pensando en variables macro económicas – como inversión, ingresos o exportaciones –, reduce la interpretación sobre el territorio, su historia, sus potencialidades y el “horizonte de expectativa” (Koselleck, 2006) que enfatizamos en nuestro análisis.. Este concepto temporal se refiere al conjunto de expectativas, aspiraciones y esperanzas que proyectan las sociedades hacia el futuro, en contraste con la experiencia acumulada del pasado. Este horizonte se configura desde el presente, pero apunta hacia posibilidades futuras abiertas e inciertas, que lo diferencia de un simple pronóstico lineal, limitado a una visión occidental del mundo.

Como argumenta Koselleck (2006), con la Modernidad, se produce una creciente disociación entre el espacio de experiencia, con lo aprendido del pasado, y el horizonte de expectativas, una separación favorecida por la idea moderna de progreso. Este último (horizonte de expectativas) se convierte en un motor que alienta la idea de que el futuro siempre debe ser mejor que el pasado, un principio fundamental en los discursos de desarrollo económico, social y político contemporáneos; y, particularmente presente entre las promesas insólitas de futuro que acompañan el desarrollo de la minería industrial, necesariamente desconectadas de todo que se identifica como pasado, o ‘ultra-pasado’.

Aja shuar: potencialidades agroecológicas para driblar el ‘quiebre’

Los cientos de años de coevolución de la cultura shuar con los paisajes del sur oriente ecuatoriano se han consolidado en un proceso de larga duración, de domesticación de una gama enorme de especies silvestres con lo que se fue fraguando un conocimiento profundo de la biodiversidad regional. Este sería el correlato cultural de la evolución geológica de estas estructuras montañosas, considerándose un proceso evolutivo de más de 65 millones de años, que, de darse el proyecto minero, podría modificarse en apenas una decena de años, comprometiendo una riqueza biológica y cultural de manera irreversible.

El aja shuar, la chacra shuar amazónica, es un dispositivo tecnológico de la práctica cultural central, que sintetiza ese proceso coevolutivo, que sedimenta en las prácticas agrícolas, en la diversidad de plantas para alimentación o uso medicinal, en la organización del espacio tiempo de las familias shuar, las diferentes formas de uso de esa agrobiodiversidad y de la experiencia de cientos y miles de años de presencia shuar en la región.

Es así como estas prácticas agrícolas, sumadas a las de recolección, caza y pesca, así como otras más contemporáneas que organizan el espacio amazónico para la producción de productos de ciclo corto, o aun para la producción de sistemas agroforestales, e incluso las mismas prácticas ganaderas, constituyen parte del metabolismo social que se dio bajo la colonización, y que en la época contemporánea podría ser afectada irreversiblemente, evidenciando el “quiebre” antes teorizado, como un profundo impacto a la dinámica de interrelaciones con/desde los territorios, en el ámbito de las comunidades indígenas y campesinas.

Frente a esa amenaza están dirigentes como Domingo Ankuash y Luis Tiwiram, hermanos y dirigentes perseguidos bajo el contexto de los desalojos y de la militarización de Nankints, en 2016, durante los últimos meses del gobierno de Rafael Correa (2007-2017), con reflejos en los gobiernos siguientes. Domingo es un dirigente histórico shuar, conocido por su papel en el fortalecimiento organizativo de aquella nacionalidad indígena del Ecuador, y líder en la resistencia contra la expansión de proyectos mega mineros impulsados a partir de alianzas Estado-empresa (Muniz, 2019).

Mientras se daba inicio a la instalación del campamento minero La Esperanza, del proyecto Panantza-San Carlos, con la actuación de la empresa china ExplorCobres S.A. (EXSA), Domingo estuvo refugiado adentro en la selva, tildado como “terrorista” o “subversivo” en fuentes oficiales. Luis Tiwiram, en el mismo contexto, fue identificado como “el shuar más buscado en Morona Santiago”8. Ambos se destacan por sus historias de vida – materia prima para abordajes futuros y más profundizados – que han cruzado el territorio shuar desde hace varias décadas, contribuyendo con procesos de fortalecimiento organizativo, y particularmente con la creación en la comunidad Yayu, donde se ha llegado durante los acercamientos y estudios aquí impresos.
Siete años después (de lo ocurrido en Nankints), en enero del 2022, se hizo un recorrido9 más al sur por el Alto Nangaritza con Domingo. El Alto Nangaritza es una región de la Cordillera del Cóndor, ubicada en la provincia de Zamora Chinchipe, en el sureste de Ecuador, caracterizada por su gran biodiversidad y riqueza cultural. Este territorio forma parte de la cuenca del río Nangaritza, un área con bosques tropicales únicos que albergan numerosas especies endémicas de flora y fauna. Además, la región es el hogar de comunidades indígenas shuar y saraguros, que mantiene prácticas sostenibles de manejo del territorio en armonía con la naturaleza, entre las cuales destacamos la del aja shuar.
Los Shuar se asentaron en aquellas tierras desde la década de 1940, ocupando 2.500 hectáreas aproximadamente, distribuidos en 10 centros Shuar: Shaime, Chumpias, Napints, Shakay, Mariposa, Nayump, Kusunts, Yayu, Yawi y Saarentza; que se ubican a lo largo de los ríos Chumbiriatza, Nangaritza y Numpatakaime10. El Alto Nangaritza es un importante punto de interés para la conservación ecológica y la investigación científica, al mismo tiempo que enfrenta desafíos relacionados con proyectos mineros de gran escala – ubicados hacia al norte –, deforestación y la protección de sus recursos naturales.
Se ha verificado que la minería fluvial ha sido instalada en el Alto Nangaritza11, a pesar de que la Asociación de Centros Shuar Tayunts – miembro activo de la Federación Provincial de la Nacionalidad Shuar de Zamora Chinchipe (Fepnash-zch), de la Confederación de las Nacionalidades Indígenas de la Amazonia Ecuatoriana (Confeniae) y de la Confederación de las Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) – había manifestado su rechazo a la actividad minera en su territorio.  Esto se ha dado con el aval de empresas concesionarias, que a través de la cooptación de líderes influyentes dentro de la Asociación Tayunts, ha logrado que – paralelamente a la exploración avanzada, se despliegue la pequeña minería, llamada ilegal. Como una puerta con daños menores, esto ha elevado los riesgos de que se inicien actividades de minería a gran escala en el corazón del territorio shuar. Específicamente Proyectmin12 ha firmado un acuerdo con los miembros de aquella Asociación, quienes han recibido el derecho a explotar las riveras de los ríos, concesionadas a su empresa, a cambio no presentar resistencias a la exploración en las partes altas de la cordillera. Dicho de otro modo, existen ahora las condiciones necesarias para el ingreso de la megaminería, algo que podría potencializar transformaciones en la economía, la sociedad, la cultura y el ambiente regional, de manera radical.
Antes del recorrido realizado en el 2022, se conocía a través de relatos orales, que el sector se caracterizaba por una situación de extrema delicadeza, ya que los intereses mineros habían deteriorado procesos organizativos de la nacionalidad shuar, y se imponía una lógica de free rider13 entre los comuneros shuar, de modo que las playas habían sido devastadas por la pequeña minería.
La intensión en aquel entonces era conocer la nueva dinámica de la pequeña minería entre los shuar y, en función de una relación establecida durante varios años, por medio de lazos familiares (de parte de Domingo Ankuash), se buscaba sondear posibilidades para recobrar una agencia colectiva en Shaime, la capital política de la Asociación Tayunts. Había registros previos sobre una actividad desplegada de manera familiar por los ‘dueños de playa’14, en Shaime, exacerbando hostilidades hacia dentro, e instalando efectos que rompen con el tejido comunitario, como el ‘dinero fácil’ y la apertura de la zona a las empresas grandes, que tenían acceso facilitado para realizar prospecciones a lo largo y ancho del territorio.

El grado de tensión y de involucramiento shuar con la minería era inédito en la zona. En ese marco se decidió conjuntamente con Domingo, se pudo avanzar y visitar la zona del Numpatakaime, río aun no intervenido por la minería a la época, hacia las comunidades de una ‘proto asociación’ Mura Nunka – todavía en proceso de estructuración –, con quienes había lazos de familiaridad. El dirigente shuar era tío de gran parte de los habitantes de Yayu, la primera comunidad shuar en el río Numpatakaime. La presencia organizativa de Mura Nunka entre comunidades del rio Numpatakaime, aún en proceso de consolidación, representaba una barrea social para el avance de la actividad minera.

Había motivaciones económicas para introducir la minería, e incluso intentos sin una rentabilidad mínima, razón que se sumaba a la oposición de dicha organización. En medio de un escenario de inseguridad, en asamblea realizada en junio del 2022, se decidió declarar a Mura Nunka como territorio libre de minería, en cualquier escala. Para avanzar y fortalecer esta decisión, han sido analizadas las condiciones para la construcción de un camino alternativo, escenario favorable nuestro estudio, con posibles incidencias fortaleciendo el aja shuar.

Un proyecto inconcluso en la disputa por horizontes…

El aja shuar es una síntesis del conocimiento de las familias shuar y sobre todo de las mujeres, alrededor de la domesticación de la biodiversidad de zonas de extraordinaria riqueza biológica. Maribel Wampash, joven shuar originaria de Yawi, comunidad que es parte de Mura Nunka, ha acompañado este proceso de acción-investigación participativa, y define el aja de la siguiente manera:

El aja shuar es un espacio de aprendizaje con mucha riqueza por la diversificación de plantas medicinales y de alimentación. Esto permite la soberanía, a una buena salud y alimentación. Para el shuar el aja es un espacio donde existen variedad de plantas comestibles, medicinales, y apropiadas para la elaboración de artesanías. El aja no es suficiente para el sustento shuar. También se recogen plantas del bosque, tanto para la alimentación, como para medicina y para artesanías15.

En relatos posteriores al trabajo de campo, consultamos Luis Tiwiram y su compañera, Mercedes sobre el concepto shuar Tarimiat Pujustin, que remite, en líneas generales, a la noción de vida buena y armónica. En una definición que contrasta pasado y presente, así lo define la pareja shuar:

Tenían medicinas naturales, todo, y toda clase de yuca, papa china, variedades de plátanos, de yuca, de remedios caseros, variedad de remedios que tenían, cada familia sabía qué remedios tenían. Nosotros, con mi mujer y con mi familia, yo a lo menos yuquita, nosotros tenemos, pero tenemos dos o tres huertas [sembríos], y nuestra casa no es casa shuar, sino es de madera. Y no tenemos variedad de yucas, hemos olvidado, no sabemos ni bien cuántas variedades de yuca. Mi mujer un poco cinco variedades debe saber. Yo como hombre casi de la huerta no lo entiendo. Para el shuar Tarimiat Pujustin es tener casa, tener finca, tener huerta. [Mercedes: chakra es]16.

El término en kichwa añadido por Mercedes al final remite a las similitudes con las comunidades andinas, presentes especialmente con relación a “la clara distribución sexual”, observada por Buitrón y Lopez Sandoval (2019, p.74). Las palabras de Luis Tiwiram sugieren que el conocimiento sobre el aja es mantenido por las mujeres (“Yo como hombre casi de la huerta no lo entiendo”), siendo este “el espacio de trabajo femenino para la producción de alimentos de autoconsumo, principalmente” (Buitrón y Lopez Sandoval, 2019, p.74).

Volviendo al momento del 2022, cuando se decidió cerrar el paso a la minería en la zona de Mura Nunka, acompañamos una discusión, durante algunos meses, sobre las condiciones para un proyecto alternativo. Primero, la comunidad recibió la visita de representantes de redes de comercio justo. Sin embargo, la idea original de comprar un camión para llevar los productos agrícolas hacia los mercados de Cuenca o Loja se volvía inviable. Posteriormente, se han realizado las primeras ferias de intercambio de semillas en octubre y noviembre del 2022 y, en este contexto, se ha forjado un proyecto de investigación-acción con énfasis en el aja shuar.

Este proyecto emerge del conocimiento tradicional de las mujeres shuar y de la alianza universitaria (con la Escuela Politécnica Nacional, en Quito), para desplegar los productos bioquímicos, alimenticios y medicinales del bosque. La extracción de principios activos de las plantas y medicinas ancestrales se fue gestando como alternativa, en una zona de intersticio entre el proyecto minero desolador que avanza aceleradamente y un proyecto que emergería a partir de la voluntad colectiva de pensar en alternativas.

Activar el aja significaría activar el conocimiento en torno a la misma aja, y a la producción de plantas medicinales y comestibles. En ese marco, se ha obtenido un primer apoyo para fortalecer el aja shuar como elemento central para la soberanía alimentaria. Con la interacción y compromiso comunidad-universidad, se buscaba diseñar un laboratorio local para la extracción y procesamiento de plantas del aja shuar y del bosque.

Sin embargo, esa alianza comunidad-universidad ha avanzado con algunos obstáculos, se pudo desarrollar un trabajo con cuatro promotores de dos comunidades, entre octubre y diciembre del 2022, concluyendo una investigación formada por la coleta de relatos orales y encuestas, para un retrato puntual sobre el aja shuar en aquella localidad específica.

A partir de estas encuestas, se constató que algunos productos aparecían con más frecuencia en el aja shuar: en 14 de los 15 casos analizados (unidades familiares), la yuca; en 12 casos el camote; en 11 casos la papa china (Colocasia esculenta) y el plátano (Musa sp.). Estos productos son la base del aja shuar de la mayoría de mujeres. Algunas familias (8) tenían sembrada piña en su huerto; papatuyo, Dioscorea trifida (6), pelma, Xanthosoma sp (5), papaya, Carica papaya (4) y el resto de productos eran sembrados entre dos y una familia. Vale reforzar las variedades de yuca (Manihot esculenta) y de camote (Ipomoea batatas), principalmente. Se ha registrado una diversidad de plantas, incluyendo 33 productos medicinales. En algunos casos, se ha podido registrar distintas variedades de los productos. En otros, tan solo se ha verificado una (1) variedad por producto. En términos generales, todas las familias tienen jengibre (Zingiber officinale), con sus diversas variedades, y también piripiri (Cyperus giganteus). Otro producto muy común en el aja shuar de aquella comunidad han sido: el tzanko o tabaco (Nicotiana tabacum). A través de un proceso de intercambio de semillas, estimulado por la Asociación de Mura Nunka, se esperaba promover la multiplicación que las semillas en ajas shuar de todas las familias.

En términos cualitativos, hemos constatado un proceso de despoblamiento de la cultura y en la manutención del aja shuar. Mientras, en el pasado algunos relatos indicaban que había entre 20 y 40 plantas por aja – medicinales y alimenticias –, en este último análisis se ha reducido a cerca del 20%. Las mujeres mayores son las que mantienen gran variedad de productos, su relación con el bosque y la cultura es intensa. Sin embargo, entre las jóvenes esto se ha ido erosionando, de modo que es posible relacionar cantidad de productos en el aja con la edad promedio de las mujeres. Una de las mujeres, que tenía entre 10 y 20 productos, tenía 45 años; la edad promedio de otras mujeres, con menos de 10 productos, era de 26 años.

Podemos afirmar que las mujeres adultas mayores son más conscientes de la importancia del aja shuar que las jóvenes, habiendo un proceso erosión y desconexión intergeneracional, algo aún más disruptivo con la influencia de la minería, que ocupa las áreas de cultivos. En Shaime – cordillera del Cutucú –, desechos de mercurio y metales pesados han comprometido la capacidad de producción del suelo. Sumado a eso, están procesos típicos de la modernidad capitalista, en sus rasgos contemporáneos (Harvey, 2005), con la conectividad al Internet, nuevos hábitos (incluso alimenticios) y la desconexión con características y tejidos culturales.

Otros estudios sobre la región, han llegado a conclusiones semejantes en cuanto a la importancia del aja shuar y a la pérdida progresiva de la biodiversidad y calidad de vida, a pesar de no abordar particularmente la correlación con la actividad minera. Buitrón y Lopez Sandoval apuntan un “aceleramiento de la producción agrícola para el mercado” (Buitrón y Lopez Sandoval, 2019, p. 83), existiendo una migración del tiempo de trabajo, de las mujeres en particular, desde el aja hacia actividades de mercado. Además, las autoras subrayan que “la dualidad bosque-aja es la base material de los medios de vida shuar para su seguridad alimentaria y de la transmisión intergeneracional del conocimiento etnobotánico” (Buitrón y Lopez Sandoval, 2019, p.84).

Zhiñin Quezada et al. (2021) han verificado, en un área de 20 ha., en la parroquia de Nankais, cantón Nangaritza (Zamora Chinchipe), la existencia de una “alta riqueza” de 67 especies (en 7 ajas), 57 géneros y 33 familias botánicas, “siendo las categorías más representativas medicinales y alimentación humana, debido a que el aja shuar constituye la principal fuente de medicinas y alimentos de la comunidad” (Zhiñin Quezada et al. 2021, p. 11). Además, los autores resaltan que la comunidad “aplica técnicas de manejo basadas en conocimientos ecológicos tradicionales”, basadas en el desarrollo de un relacionamiento de entendimiento y respeto con la naturaleza, “así como la comprensión de formas espirituales y cosmológicas que integran al ser humano con la naturaleza y la consecución de mecanismos sofisticados de comunicación (cánticos ancestrales) con seres no humanos” (Zhiñin Quezada et al., 2021, p. 10).

A pesar de la tendencia de deterioro del aja shuar (Patiño Vallejo, 2015), aún existe en la cultura (in)material de los shuar una relación con el territorio, que es una forma de mantener vivo el conocimiento desde la tradición oral sobre los usos del bosque. Vale resaltar el aja shuar como “símbolo de expresión de la sabiduría de la mujer shuar”, donde vive Nunkui, diosa que “enseña a la mujer el trabajo a la huerta, la cerámica y la fertilidad”, según la cosmovisión de aquella nacionalidad (Tupikia Ramu, 2014, p. 63).

El aja shuar es más que una forma de domesticación de plantas, es también un espacio de interrelación con el territorio, donde se actualizan otras percepciones de mundo distintas a la dicotomía hombre-naturaleza, y con abordajes desde el concepto de “subjetivación política” propuesto por Modonesi (2010).

Modonesi (2010), quien se dedica a pensar principalmente en las luchas obreras, campesinas y populares, es una referencia válida para reflexionar sobre los conocimientos ancestrales y tradicionales indígenas como formas de resistencia/ re-existencia (Albán, 2017) cultural, política y socio ambiental. Adolfo Albán (2017) se refiere a la capacidad de las comunidades indígenas y afrodescendientes para crear y recrear formas de vida alternativas que desafían y transforman las relaciones de dominación, más allá de la mera resistencia a las estructuras de poder impuestas por la modernidad y la colonialidad.

Estas formas de vida incluyen formas de conocimiento, al articularse con proyectos de autonomía y reivindicaciones por la autodeterminación, podrían fortalecer dinámicas disfuncionales a estructuras de poder hegemónicas. La noción de autonomía propuesta por Modonesi puede abrirse a la posibilidad de pensar cómo saberes indígenas, defendidos como patrimonio cultural, se resignifican políticamente en contextos contemporáneos de lucha por derechos territoriales y reconocimiento identitario. Este último, es tomado no apenas como reconocimiento simbólico, abordaje que dejarían intactas las desigualdades materiales subyacentes, reproduciendo las tendencias del multiculturalismo neoliberal difundidas en los 90`s.  

Parafraseando a Charão-Marques y Arce (2023), en su estudio sobre Bruxas e plantas: alianças, rituais e rebelião biopolítica, argumentamos que la vida social de las plantas medicinales nos permite considerar una biopolítica territorial, analizando como esta establece un campo de acción opuesto al campo de fuerzas del despojo minero. Según los autores, “las plantas con sus principios activos conectan a las mujeres de su territorio y a diversos expertos en salud” (Charão-Marques y Arce, 2023, p. 537). De tal modo, considerar a las mujeres shuar como expertas significa poner en equivalencia sus conocimientos y aquellos formales, institucionalizados, valorando las conexiones vitales entre mujeres y plantas, entre lo humano y no humano.

 

CONCLUSIONES

La agroecología, con su enfoque integral, al promover prácticas agrícolas sustentables, diversificadas y en armonía con los ecosistemas locales, tiene el potencial de restaurar el metabolismo socioecológico al cerrar los ciclos de nutrientes, preservar la biodiversidad y reducir la dependencia de insumos externos dañinos. Al reestablecer la conexión metabólica entre la producción agrícola y los procesos naturales, la agroecología ofrece un camino viable para enfrentar las crisis ambientales derivadas del capitalismo contemporáneo, generando modelos productivos que priorizan la sostenibilidad ecológica y la justicia social.

A nivel global, y particularmente en el Ecuador, los extremos climáticos afectan la agricultura, la biodiversidad y las comunidades rurales; impactan también la frecuencia e intensidad de inundaciones, sequías y deslizamientos de tierra; provocan el retroceso acelerado de glaciares en los Andes, poniendo en riesgo la disponibilidad de agua para consumo humano y riego agrícola. Sumándose a eso, el proyecto de convertir el Ecuador en país megaminero ha intensificado un modus operandi marcado por trámites contenciosos de concesiones y licitaciones ambientales; atropellos al derecho colectivo de las comunidades con supuestas consultas apresuradas e impuestas en medio a la militarización, despojos y criminalización de resistencias; sumándose a procesos de contaminación que comprometen la vida misma desde las etapas de prospección.  

Con este estudio, hemos verificado que las mujeres jóvenes están perdiendo la costumbre de mantener el aja shuar, y con ello pierden el conocimiento de la sociobiodiversidad existente. Pero hemos observado también los desafíos para recuperar la diversidad de sembríos, fortaleciendo la subsistencia y promoviendo la cooperación tecnológica para la elaboración y comercialización de aceites esenciales, productos alimenticios o medicinales. Percibimos la relevancia del fortalecimiento de instancias político-organizativas a nivel local, las mismas que enfrentan procesos de división y conflictos internos con la entrada de empresas mineras respaldadas por representantes del Estado, particularmente al sur de la Amazonía ecuatoriana. El aja shuar es un blanco frágil, pero igualmente un potente antídoto para contener o revertir los efectos de debilitamiento y ruptura de los tejidos comunitarios, afectados desde los primeros contactos para el desarrollo de proyectos mineros.

Con el acecho de la actividad minera, el horizonte para la población local de Mura Nunka ha sido marcado por la ilusión del progreso y del consumo, especialmente para los más jóvenes, quienes entran en contacto con las máquinas y su poder de abrir nuevas fronteras mineras, aunque actúen muchas veces apenas recogiendo el desperdicio de la minería.

La experiencia de Mura Nunka, que se despliega hasta el momento, da muestras de potencialidades de un proceso autorreflexivo comunitario, donde lo alternativo ilumina las posibilidades de una alianza estratégica e investigativa, para identificar los componentes naturales de plantas, por medio de un intercambio mutuamente colaborativo entre comunidad-universidad, selva-ciudad, incluyendo las comunidades del Alto Nangaritza, particularmente Yayu. En ese contexto se abre una iniciativa bajo el encaje de condiciones, articulando conocimientos locales y de expertos, siendo también una coalición de lucha, con la participación de familias y sobre todo la acción de las mujeres.

Si por un lado el aja shuar se presenta como un ejemplo de prácticas que se vuelven estratégicas para contener la ruptura de los ciclos naturales esenciales para la regeneración ecológica, también es un buen ejemplo para abordar complejidades político-económicas y organizativas, inherentes a la potencialización de estos conocimientos y prácticas en territorios disputados con aquellas empresas cuyo guion de acercamiento incluye propuestas atractivas de trabajo y supuestas compensaciones financieras para entregar sus espacios de vida, habiendo también procesos violentos de despojo y militarización, pasando por disputas en nivel jurídico-mediático.

Frente a este escenario, que figura como un divisor de aguas, la confluencia de un tiempo de larga duración de sedimentación de conocimientos y prácticas culturales, con los aportes colaborativos de la ciencia y la investigación tecnológica contemporánea podría dar paso a nuevos horizontes de posibilidad, para contener el quiebre metabólico y ofrecer alternativas al proceso de transformación geológica que amenaza uno de los sitios de mayor megabiodiversidad del Ecuador y de la Cuenca Amazónica.

Finalmente, en los recorridos dentro-fuera de la selva, pudimos acompañar aquella realidad alrededor de la constitución de la asociación Mura Nunka, donde la declaración de un territorio libre de minería ha abierto caminos para un diálogo entre comunidad-universidad, en el sentido del fortalecimiento de las potencialidades del aja shuar, que es sobre todo el fortalecimiento de los diálogos intergeneracionales, con mediaciones tecnológicas; de la soberanía alimentaria; del rol activo de las mujeres en la defensa de sus territorios; y, por fin, del fortalecimiento de interfaces no dicotómicas e intersubjetivas entre cultura y naturaleza.

 

Copyright (©) 2025 - Maria Luiza Muniz, Luis Corral.

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MODREGO, Félix; BERDEGUÉ, Julio A. A Large-Scale Mapping of Territorial Development Dynamics in Latin America. World Development, v. 73, p. 11–31, 2015. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.worlddev.2014.12.015. Acceso en: 16 mar. 2025.

MOORE, Jason W. Capitalism in the Web of Life: Ecology and the Accumulation of Capital. London: Verso, 2015.

MOORE, Jason W. Anthropocene or Capitalocene? Nature, history, and the crisis of capitalism. In: MOORE, Jason W. (ed.). Anthropocene or Capitalocene? Nature, history, and the crisis of capitalism. Oakland: PM Press, 2016. p. 1–13.

MOORE, Jason W. The Capitalocene, Part I: on the nature and origins of our ecological crisis. The Journal of Peasant Studies, v. 44, n. 3, p. 594–630, 2017. Disponível en: http://dx.doi.org/10.1080/03066150.2016.1235036. Acceso en: 15 mar. 2025.

MUNIZ, Maria Luiza de C. La articulación Estado-empresa en Ecuador: La "socialización de la política pública minera" como trampa al Convenio 169 de la OIT. Ecuador Debate, n. 106, p. 93-110, abr. 2019. Disponible en: https://repositorio.flacsoandes.edu.ec/handle/10469/16236. Acceso en: 16 mar. 2025.

SACHER, William. Un análisis costo-beneficio extendido de la megaminería en el Ecuador (2020-2120). Ecuador Debate, Quito, n. 117, p. 109-142, dez. 2022. Disponible en: https://repositorio.flacsoandes.edu.ec/handle/10469/19218. Aceso en: 16 mar. 2025.

TUPIKIA RAMU, Blanca Jeannine. La diversificación de los cultivos en la aja shuar actual para la soberanía alimentaria en las familias shuar. 2014. 120 f. Disertación (Maestría en Ciencias Sociales) – Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Cuenca, Cuenca, 2014. Disponible en: https://dspace.ucuenca.edu.ec/handle/123456789/20089. Acceso en: 16 mar. 2025.

ZHIÑIN QUEZADA, Hector. R.; POMA MENDOZA, Bladmir. V.; GONZÁLEZ NIVELO, Leonardo P.; QUITO ULLOA, Gonzalo B. Etnobotánica y derechos de la naturaleza en el aja shuar: caso de estudio parroquia Nankais, cantón Nangaritza, provincia Zamora Chinchipe, Ecuador. Siembra, Quito, v. 8, n. 2, p. e3036, 2021. DOI: 10.29166/siembra.v8i2.3036. Disponible en: https://revistadigital.uce.edu.ec/index.php/SIEMBRA/article/view/3036. Acceso en: 16 mar. 2025.

 

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 Holoceno hace referencia al periodo geológico que comenzó aproximadamente hace 11.700 años, caracterizado por condiciones climáticas estables que permitieron el desarrollo de la agricultura y la expansión de las civilizaciones humanas.

2        El término Antropoceno es presentado como una referencia a la era geológica actual, caracterizada por el impacto significativo de la actividad humana en la Tierra y sus sistemas ecológicos.

3        O también llamada ilegal. Para efectos del presente abordaje, se diferenciará la minería regularizada de aquella que carece de regularización, ya que, en principio, desde una perspectiva analítica, toda la minería que se despliega en territorio nacional ha violado la Constitución y las leyes, luego no se puede hablar de minería “ilegal’ y “legal”; todas serían en principio ilegales.

4        Para un abordaje resumido sobre los conflictos y resistencias frente al avance de la minería industrial en el Ecuador ver: MUNIZ, Maria Luiza; CORRAL FIERRO, Luis Jacobo. Brevísima historia de la minería industrial en Ecuador: o, cuando la excepción se convierte en norma. Boletín ICCI, n. 159, ago. 2024. Disponible em: https://icciec.org/ano-14-no-159-agosto-2024/. Acceso en: 17 mar. 2025.

5        El catastro minero de Ecuador es un registro de todas las áreas concesionadas para minería en el país. Este catastro incluye: Concesiones; Derechos mineros en trámite; Autorizaciones; Licencias; Registros; Certificados, entre otros instrumentos previstos en la Ley de Minería y en su reglamento.

6        Este dato es confirmado por estudios de organizaciones de la sociedad civil, como el Frente Nacional Antiminero, y pela presidenta de la Cámara de Minería del Ecuador (CME) María Eulalia Silva: “apenas el 8 % del territorio minero está concesionado y, de esa cifra, solamente el 10 % ha sido explorado” (énfasis en cursiva incluida por los autores). Cf: ECUAVISA. En Ecuador, apenas el 10 % del territorio minero concesionado se ha explorado. 2024. Disponible en: https://www.ecuavisa.com/noticias/economia/ecuador-territorio-minero-concesionado-explorado-YJ6964177. Acceso en: 15 mar. 2025.

7        Keith Barron es un geólogo y empresario minero con más de 42 años de experiencia en la industria de exploración de minerales. En 2001, cofundó Aurelian Resources Inc., una empresa de exploración de oro en Ecuador, que en 2006 descubrió el yacimiento de oro Fruta del Norte, uno de los más grandes del país. Este descubrimiento llevó a la venta de Aurelian Resources a Kinross Gold en 2008 por $1.2 mil millones. Posteriormente, Barron fundó Aurania Resources Ltd., donde actualmente se desempeña como CEO, presidente y director. Fuente: AURANIA RESOURCES. Management and Board of Directors. Disponible en: https://aurania.com/corporate/management-and-board-of-directors/?utm_source=chatgpt.com. Acceso en: 16 mar. 2025.

8        Cf: CORREO. Luis Tiwiram, el shuar más buscado en Morona Santiago tras ataque a minera china. Diario Correo, 19 dez. 2016. Disponible en: https://www.diariocorreo.com.ec/1582/nacional/luis-tiwiram%2C-el-shuar-m%C3%A1s‑buscado‑en‑‑morona‑santiago‑tras‑ataque‑a‑minera‑china. Acesso el: 16 jul. 2025.

9        Este recorrido ha sido acompañado por uno de los autores de este artículo, Luis Corral, como parte de una delegación de la Asamblea de los Pueblos del Sur, una organización social-horizontal, dedicada a apoyar procesos de resistencia al despojo minero. En su red social, la Asamblea es descrita como “Unidad de organizaciones de campesinos e indígenas, organizaciones de mujeres, organizaciones agroecológicas, y colectivos ambientalistas de las provincias del Ecuador”. Ver: https://www.facebook.com/AsambleaPueblosdelSur

10        Cf.: GOBIERNO AUTÓNOMO DESCENTRALIZADO PARROQUIAL RURAL DE ZURMI. Actualización del Plan de Desarrollo y Ordenamiento Territorial del Gobierno Autónomo Descentralizado Parroquial Rural de Zurmi, Cantón Nangaritza, Provincia de Zamora Chinchipe. Zurmi: GADPR de Zurmi, [2024].

11        Cf.: PUERTAS, Marlon. El Alto Nangaritza, otro bosque virgen asediado por la minería en Ecuador. La Historia, 14 sep. 2018. Disponible en: https://www.lahistoria.ec/2018/09/14/el-alto-nangaritza-otro-bosque-virgen-asediado-por-la-mineria-en-ecuador . Acceso en: 16 mar. 2025; CAIVINAGUA, Xavier. Actividad minera sin permiso en Alto Nangaritza, Zamora Chinchipe. El Comercio, Quito, 10 ene. 2025. Disponible en: https://www.elcomercio.com/actualidad/negocios/ecuador-mineriailegal-shuar-nangaritza-zamorachinchipe.html Acceso en: 16 mar. 2025.

12        En el marco de garantías del régimen de concesiones y la Ley Minera, el dueño del derecho minero puede venderlo a terceros. De tal modo, Projectmin, subsidiaria de Luminex Resources ha sido absorbida por (Adventus Mining Corporation, en un proceso de joint venture a principios del año 2024, y luego esta última ha sido absorbida por Silvercorp. Adventus Mining y Silvercorp son empresas en las cuales el Consorcio Nobis, liderado por Isabel Noboa, tía del presidente Daniel Noboa, es parte del grupo accionario.

13        En el contexto mencionado, el free rider se refiere a un actor que se beneficia de recursos o servicios proporcionados por un grupo o comunidad –  recursos mineros – sin contribuir adecuadamente a su mantenimiento, gestión o regulación. Este comportamiento suele ser problemático en áreas donde los recursos en general son considerados como bienes comunes, debiendo ser garantizada la cooperación para la gestión sostenible y equitativa.

14        Los ‘dueños de playa’ son así conocidos porque, en el ámbito del título global, hay una división del territorio comunitario, lo que permite a las familias ser ‘dueñas’ del usufructo de porciones territoriales, transmitidas hereditariamente, establecidas por medio de acuerdos comunitarios en los Centros Shuar.

15        Relato de Maribel Wampah (2023), presente en el documento El aja shuar, base de la soberanía alimentaria y de la posible generación de ingresos para las comunidades shuar”, elaborado en el ámbito de las actividades de acción-investigación participativa realizadas con la participación de Hipatia Chuva, Maribel Wampash y Luis Corral.

16        Relato de Luis y Mercedes Tiwiram, en abril de 2025, parte de acercamientos más recientes en el ámbito de un abordaje sobre la relación entre memoria y resistencia.

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Revista Brasileira de Agroecologia
ISSN 1980-9735

Publicação da Associação Brasileira de Agroecologia - ABA-Agroecologia em cooperação com o Programa de Pós-Graduação em Meio Ambiente e Desenvolvimento Rural - PPG-Mader, da Universidade de Brasília – UnB

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